¿Cuántas veces has tenido una idea y enseguida has pensado que no era realizable? ¿Has pensado alguna vez en abrir tu propio negocio pero enseguida te han faltado ideas? O peor aún, ¿le has contado tu idea a alguien y enseguida has pensado que era una tontería?

La buena noticia es que seguramente todo eso sólo está pasando en tu cabeza. Cuando se trata de crear tu empresa, tu evento o cualquier otro proyecto no hay buenas o malas ideas. Se trata de ver si tu idea es realizable o no, si es realista o no o si es rentable o no. Pero desechar una idea así porque sí no parece muy razonable, ¿no te parece?

¿Cuántas más ideas mejor?

Tener ideas no es suficiente, ideas tiene todo el mundo. Lo que marca la diferencia en la vida de las personas es el compromiso con esas ideas y ser capaces de llevarlas a la realidad. Y ahí es dónde te vas a encontrar algunas barreras: económicas, tecnológicas o simplemente de equipo humano. De lo que se trata es de tener muchas ideas, cuántas más mejor y de saber discernir cuáles te van a ayudar y cuáles no.

En cualquier proyecto innovador nos encontraremos con hasta cuatro fases bien diferenciadas: exploración, divergencia, convergencia y desarrollo. Por ahora vamos a suponer que te has hecho las preguntas correctas y que has generado un abanico de ideas suficientemente amplio como para tener que escoger y tomar decisiones. Decisiones que marcarán a partir de ese punto la realización o no de un determinado proyecto, sea un evento, un nuevo servicio o una nueva empresa.

 

Escoge la idea que más te conviene

Escoger entre una u otra opción puede ser algo muy subjetivo, sometido demasiado a menudo a prejuicios, marcos mentales o ideas preconcebidas. Así que vas a necesitar algo más que una opinión lanzada al aire sin más para tomar tus propias decisiones.

Vamos a poner un ejemplo.
Si te planteas crear tu propio negocio y tienes dos ideas entre las que decidirte hay muchas variables a tener en cuenta para poder tomar uno de los dos caminos. Barreras de entrada en el sector, aliados que vas a necesitar, habilidades a desarrollar, inversión necesaria, captación de clientes, comunicación y muchos otros elementos a considerar. Quizá tu intuición sea más valiosa de lo que crees pero si buscas más opciones, sigue leyendo.

Aquí van algunas recomendaciones:

Ponte en los zapatos de los demás
Ese proyecto en el que estás trabajando, ¿a quién va dirigido? ¿conoces realmente a tu cliente? ¿tienes más de un tipo de cliente? ¿conoces cuáles son sus anhelos, sus metas, sus preocupaciones, sus frustraciones, sus objetivos, cómo piensa? Una segmentación de clientes (o usuarios, o compradores, o prescriptores) va más allá de variables demográficas o geográficas. Una buena herramienta que puedes utilizar es el Buyer Persona, con ella y mucha información previa podrás dirigir tus esfuerzos de forma alineada.

Revisa tu estrategia.
Puede ser que tu idea sea fantástica pero le falte darle una vuelta más, quizá con algún cambio estratégico. Imagina que has pensado en crear un evento importante en tu ciudad relacionado con el sector sanitario porque es tu pasión y tu vocación. Pero si en tu comunidad local precisamente el volumen de potenciales asistentes es bajo quizá debas pensar en más opciones. ¿Quizás algo pensando en salud con aplicación más universal, por ejemplo, alimentación sana? Revisa tu Propuesta de Valor utilizando herramientas como el Business Model Canvas, comprueba si lo que has pensado se sostiene o si debes buscar mejores opciones. Un enfoque así te permitirá analizar tu negocio desde todos los puntos de vista.

Póntelo fácil.
A veces nos empeñamos en algo sólo porque ha sido idea nuestra. Por ejemplo, cuando se trata de un producto o servicio que ha sido idea nuestra puede que tengas lo que se llama un «enamoramiento de producto». Y ya sabemos lo ciego que puede ser el amor 😉

En este ejemplo, puede que vender un producto a través de un canal de ventas determinado haga que vayamos a tener más inconvenientes que ventajas. Si nuestro margen de negocio no va a permitir hacer descuentos a distribuidores a no ser que queramos entrar en números rojos en el minuto uno; ¿podrías plantearte aunque sea para arrancar la venta directa por internet, por ejemplo, de la mano de Amazon? Utiliza técnicas de pensamiento creativo para generar alternativas al planteamiento inicial, prueba con técnicas como el Juego de Rol; ¿cómo lo haría Schumacher? ¿o Warren Buffet? ¿O Mick Jagger? Te puede parecer una excentricidad al principio pero, créeme, hacer la prueba vale la pena. Te sorprenderás con las ideas que irás encontrando.

Visualiza el resultado.
Una acción trae una consecuencia y no siempre previsible. ¿Has pensado en qué pasará cuando empieces a implementar tu idea? Ese nuevo producto tan chulo en el que estás pensando, ¿frenará las ventas de otro que está funcionando estupendamente? Tal vez debas darle una vuelta y ver cómo encajará en tu oferta. Revisa de nuevo tu modelo de negocio, encuentra el encaje que necesitas para que los ingresos no se vean mermados y tus inversiones sigan siendo lo más rentables posible.

Busca más opiniones.
Ojo, otras opiniones no quiere decir mejores opiniones. Pero otros puntos de vista pueden enriquecer tu visión y complementar tus ideas. Prueba a utilizar técnicas de evaluación de ideas de forma democrática, en las que cada opinión cuente igual. Por ejemplo, haz que cada participante pueda otorgar 3, 2 y 1 puntos a sus opciones preferidas. Pero hacedlo en silencio, sin debatir o juzgar las ideas de los demás porque eso va a viciar el resultado final.

Y tú, ¿qué técnicas utilizas para escoger una idea? ¡Deja un comentario con tu experiencia!